UN VIAJE A LA SELVA

Érase una vez una familia que se fue a pasar unos días a la selva. Tenían una hija de catorce
años. Mariona, así se llamaba la niña, no quería ir a la selva. Mariona creía que la selva era un
sitio aburrido y que era para niños pequeños.

Una mañana, Mariona, enfadada se fue a buscar cerezas. Y se perdió. Sus padres pensaron que era una de las bromas de Mariona. Como vieron que no volvía la fueron a buscar. No la
encontraron y fueron a buscar ayuda. Mariona se refugió en una cueva, al lado de la cual había
un gran lago. Por la noche sintió unos pequeños gemidos. Se adentró en la cueva y vio una cría de elefante. Mariona lo observó con gran atención.

¡Tenía una pata sangrando! Mariona intentó acariciarlo pero el elefante no se dejó. Intentó
dormir un poco, ya no se acordaba del elefante. A la mañana siguiente se despertó con la ilusión de intentar curarlo pero como vio que estaba dormido, no lo quiso despertar, así que pensó construirse una pequeña cabaña y una casita para el pequeño elefante. Cuando la niña hubo terminado, se hizo una cama para ella y otra para el pequeño elefante. Al atardecer puso al elefante en su nueva casita, así pasó aquel día. Al otro día, el elefante ya se encontraba mejor.
Mariona se fue al lago a buscar un poco de agua para beber, y para curar la pata del elefante
con un trapo le limpió la sangre, con un cuchillo que se encontró le quitó la bala. Mariona se
extrañó mucho al ver aquella bala... ¿Quería decir aquello que había cazadores matando a los
elefantes?

Cada noche la niña y el elefante se iban a bañar en el río así pasaba día tras día... Pero un día
cuando Mariona se levantó... ¡No encontró al elefante!

La tierra estaba mojada y se veían las huellas de los cazadores. Mariona las siguió y allí, a lo
lejos, vio el campamento de los cazadores. En una esquina del campamento había muchas jaulas llenas de elefantes. En una de ellas estaba el elefante que Mariona encontró en la cueva. El elefante estaba muy triste, la pata no la tenía recuperada. Mariona volvió a su cabaña y borró las huellas para que no la pudieran seguir. Estuvo, durante toda la noche, pensando cómo podría liberar toda aquella manada de elefantes. A las tres de la mañana llegó a una conclusión: al atardecer haría camino hacia el campamento y cuando todos estuvieran dormidos ella soltaría a los elefantes. Mariona se estaba preparando para el gran día. Pero Mariona no tuvo en cuenta una cosa, había dos guardias guardando las jaulas.

Pero Mariona encontró la solución rápidamente. Vio unos búhos y los asustó para que fueran
directamente a picar a los guardas. Los guardas, asustados, corrieron por todo el campamento,
hasta desaparecer. Mariona tenía el campo libre para liberar a los elefantes. Cuando los soltó
cogió en brazos al elefante de la cueva y lo llevó a la cabaña, hasta que mejoró. Cuando mejoró se fueron a bañar al río porque hacía muy buen día. Al rato oyeron pasos y una pareja llorando.
Mariona los reconoció enseguida: ¡Eran sus padres! ¡La habían encontrado! Iban acompañados de una patrulla de policías. Cuando los padres de Mariona la vieron se pusieron a llorar más. Los policías cogieron al elefante y lo llevaron a un centro de recuperación. Cuando el elefante se recuperó lo dejaron en libertad en la selva. Mariona estaba muy feliz cuando el elefante iba caminando hacia su manada. Mariona y su familia regresaron a casa, y los tres prometieron que nunca más volverían a ir a la selva.
Laura Aragonés i Berta Oliva - 5è B Primària - CEIP Les Alzines - Girona